miércoles, 28 de enero de 2026

4º ESO: Definiciones del tema 4

* Descripción: tipo de texto que consiste en enumerar las características o rasgos más importantes de un elemento real o ficticio. Para realizarla, es preciso observar la realidad que se quiere describir; seleccionar sus cualidades más importantes; ordenarlas; y, finalmente, expresarlas.

* Prosopografía:
 aquella descripción que se centra en los rasgos físicos del ser, objeto o lugar que se describe.

* Etopeya: aquella descripción que se centra en los rasgos psicológicos del ser que se describe.

* Retrato: aquella descripción que presenta los rasgos tanto físicos como psicológicos del ser que se describe.

* Caricatura: aquella descripción que se centra en exagerar cómicamente los rasgos físicos o psicológicos de una persona.

* Descripción objetiva: aquella que presenta las características de un ser, objeto o lugar sin emitir opiniones o valoraciones personales, solo ajustándose a la realidad. Para ello, ha de emplear un lenguaje claro y exacto, con pocos adjetivos y abundantes sustantivos; así como datos que sean verificables de forma científica. Los verbos están escritos en tercera persona.

* Descripción subjetiva: aquella que muestra la opinión del emisor hacia el ser, objeto o lugar que está siendo descrito. Su finalidad es artística, por lo que utilizará abundantes recursos literarios y mucha adjetivación. 

* Realismo: movimiento literario
surgido en Francia a mediados del siglo XIX y que llegó a España en el último cuarto de dicha centuria. Su objetivo era representar la realidad de aquel momento de la manera más fidedigna posible, por lo que empleaba el narrador omnisciente, abundantes descripciones, diálogos en los que los personajes utilizaban los registros propios de su clase social, la objetividad... Su autor más reseñable fue Benito Pérez Galdós.

* Naturalismo: movimiento literario, también de origen francés, que se dio al mismo tiempo que el Realismo. Comparte con este todas las características de estilo anteriormente expuestas, a lo que hay que unir una menor objetividad. Se trataba de una literatura más comprometida, que se centraba en los problemas y sufrimientos de la clase trabajadora para concienciar a la burguesía de sus vicisitudes. Su lenguaje y sus escenas suelen ser más crudas. Estaba influido por el determinismo, que indicaba que, si una persona nacía en un ambiente, no podría salir de él, dado que toda su vida vendría condicionada por dicho ambiente. Emilia Pardo Bazán y Leopoldo Alas "Clarín" son sus mayores exponentes.

* Campo léxico:
conjunto de palabras que comparten una parte de su significado y pertenecen a distintas categorías morfológicas.

* Campo semántico: conjunto de palabras que comparten una parte de su significado y pertenecen a la misma categoría morfológica.

* Sustantivo: aquella palabra que designa seres, objetos, lugares, ideas o acontecimientos. Todos tienen un género (masculino o femenino) y un número (singular o plural) y, de acuerdo a lo que hagan referencia, pueden ser de diferentes tipos (cuyas definiciones, con ejemplos, podéis encontrar en esta entrada del blog).

* Determinante: palabra variable que acompaña al sustantivo para concretarlo y marcar su género y su número. Según su significado, se puede clasificar en artículos, posesivos, demostrativos, indefinidos, numerales y exclamativos e interrogativos.

* Determinante artículo: aquel que me indica si el sustantivo al que acompaña me resulta conocido o no. Para expresar que lo conozco, empleo los artículos determinados (el, la, lo, los, las); y para lo contrario, los artículos indeterminados (un, una, unos, unas).

* Determinante posesivo: aquel que expresa quién es el poseedor del sustantivo al que acompaña. Los posesivos pueden decirnos si dicho sustantivo pertenece a un único poseedor o a varios.

* Determinante demostrativo: aquel que nos informa sobre la distancia a la que se encuentra el sustantivo con respecto del hablante, ya sea cercana(este), media (ese) o lejana (aquel).

* Determinante numeral: aquel que indica la cantidad exacta del sustantivo al que acompañan. Pueden ser cardinales (precisa una cantidad numérica -uno, dos, tres...-),ordinales (expresa un orden -primero, segundo, tercero...-), partitivos (medio, tercio...), multiplicativos (doble, triple...) y distributivos (cada, sendos).

* Determinante indefinido: aquel que indica una cantidad inexacta o imprecisa del sustantivo al que acompañan.

* Determinante interrogativo y/o exclamativo: aquel que acompaña al sustantivo en las oraciones interrogativas o exclamativas.

* Adjetivo: 
palabra variable que acompaña al sustantivo, indicando una característica, rasgo, propiedad o cualidad suya. Todos ellos poseen un género y un número, y presentan un grado y un tipo concretos.

* Adjetivo especificativo: aquel tipo de adjetivo que expresa una cualidad que permite distinguir a ese ser u objeto de otro u otros.

* Adjetivo explicativo: aquel tipo de adjetivo que indica una característica obvia del sustantivo, por lo que no permite diferenciarlo de otros. 

* Grado: cada una de las diferentes formas en que el adjetivo expresa la intensidad de la cualidad del sustantivo. Se reconocen tres, a saber, positivo, comparativo y superlativo.

* Grado positivo: aquel en el que el adjetivo aparece sin modificar su intensidad. Es el más habitual de los tres.

* Grado comparativo: aquel que permite comparar esa cualidad del sustantivo con la de otros. Puede ser de igualdad (tan + adjetivo + como), de superioridad (más + adjetivo + que) o de inferioridad (menos + adjetivo + que).

* Grado superlativo: aquel que presenta la cualidad del sustantivo en su nivel máximo. Puede ser absoluto (muy + adjetivo; adjetivo + ísimo) o relativo (el / la + más / menos + adjetivo + de).

* Pronombre:
 palabra variable cuya misión es la de sustituir o reemplazar a un sustantivo dentro de una oración o texto. Existen distintos tipos: personales, demostrativos, posesivos, numerales, indefinidos e interrogativos o exclamativos.

* Pronombre personal: aquel tipo de pronombre que hace referencia y sustituye a una o varias personas dentro de una oración o texto. Existen de 1ª persona (yo, me, mí, conmigo, nosotros, nos), 2ª (tú, te, ti, contigo, vosotros, os) y 3ª (él, ella, se, sí, consigo, lo, la, los, las, le, les, ellos, ellas).


* Adverbio: Palabra invariable (sin género -no es masculina ni femenina- ni número -no es singular ni plural-) que complementa al verbo (y, en ocasiones, al adjetivo o a otro adverbio), y que indica tiempo, lugar, modo, cantidad, afirmación, negación o duda.

* Preposición: Palabra invariable que relaciona entre sí palabras y, en ocasiones, oraciones. 

* Conjunción: Palabra invariable que une oraciones y/o palabras. Existen varios tipos, a saber, copulativas, disyuntivas, adversativas, condicionales y causales.

 * Verbo: Aquella palabra variable que expresa una acción o estado en un tiempo determinado. Está formado por una raíz o lexema, que aporta el significado del verbo; y un morfema flexivo llamado desinencia, que informa sobre la persona, el número, el tiempo, el modo y el aspecto del verbo.

* Persona: 
Aquella información gramatical aportada por la desinencia que nos indica si la acción es llevada a cabo por el hablante (), el oyente () o una persona ajena al hablante y el oyente ().

* Número: Aquella información gramatical aportada por la desinencia que nos indica si la acción es llevada a cabo por una (singular) o varias personas (plural).

* Tiempo: Aquella información gramatical aportada por la desinencia que nos indica cuándo se realizó la acción.


* Modo: Aquella información gramatical aportada por la desinencia que nos indica la actitud del hablante frente a la acción del verbo. Existen tres, a saber, indicativo, subjuntivo e imperativo.

* Indicativo: Modo del verbo que expresa que la acción ha sucedido, sucederá o está sucediendo realmente, con total seguridad.

* Subjuntivo: Modo del verbo que expresa que la acción puede que suceda, es decir, no es completamente seguro que ésta ocurra. Se emplea, fundamentalmente, para casos hipotéticos, así como para expresar dudas y deseos

* Imperativo: Modo del verbo que se utiliza exclusivamente para las órdenes o ruegos.

* Aspecto: Aquella información del verbo que indica si la acción ha terminado o no. Si hubiera finalizado, diremos que el aspecto es perfecto, correspondiéndole tanto al pretérito perfecto simple como a todos los tiempos compuestos. Si, por el contrario, la acción no ha empezado todavía, se está desarrollando ahora o no llegó a terminar, el aspecto será imperfecto, el cual comprende casi todos los tiempos simples (presente, pretérito imperfecto, futuro simple y condicional simple) menos el pretérito perfecto simple.

* Voz: Aquella información del verbo que indica si el sujeto realiza o recibe la acción. Si el sujeto, como suele ser lo normal, hace la acción del verbo, se dice que la voz es activa. Por el contrario, si el sujeto padece la acción, estaremos ante la voz pasiva, la cual se forma con el verbo ser conjugado y luego otro verbo (que será el principal) en participio.

Sintagma: conjunto de palabras que cumple una función concreta dentro de la oración. Según cuál sea su núcleo, podemos reconocer cinco clases, a saber, nominal, adjetival, adverbial, verbal y preposicional. 

* Sintagma nominal: aquel conjunto de palabras cuyo núcleo es un sustantivo o, en su defecto, un pronombre.

* Sintagma adjetival: aquel conjunto de palabras cuyo núcleo es un adjetivo.

* Sintagma adverbial: aquel conjunto de palabras cuyo núcleo es un adverbio.

* Sintagma preposicional: aquel conjunto de palabras que está formado por una preposición que actúa como nexo; y un sintagma nominal, adjetival o adverbial a continuación.

* Adyacente: 
aquellos adjetivos que complementan al nombre en un sintagma nominal.

* Aposición: aquellos sustantivos que complementan a otros en un sintagma nominal.

* Modificador: palabra que complementa al núcleo de un sintagma adjetival o adverbial, y que altera la intensidad de un adjetivo o un adverbio. Pueden actuar como modificadores los adverbios de cantidad (muy, más, menos, mucho, poco, demasiado, bastante, tan, algo...) y algunos adverbios acabados en -mente (increíblemente, exageradamente, asombrosamente...).

* Sintagma verbal: 
aquel cuyo núcleo es un verbo, el cual puede estar acompañado por uno o varios sintagmas nominales, adverbiales, adjetivales y preposicionales. Siempre cumple la misma función en una oración, a saber, la del predicado.


* Verbo copulativo: aquel que atribuye una cualidad al sujeto. Son tres, a saber, ser, estar y parecer.

* Verbo predicativo: aquel que posee un significado pleno. Son todos aquellos que no sean ser, estar y parecer.

* Sujeto: aquel sintagma nominal que realiza la acción del verbo, con el que concuerda en número. Puede ser expreso si se ve claramente dentro de la oración; u elíptico, tácito u omitido, si no se aprecia en ella.

* Oración impersonal: aquella que no tiene sujeto. Es propia de aquellas en cuyo predicado se encuentra un verbo relacionado con los fenómenos meteorológicos, o algunas formas del verbo haber o hacer.

* Predicado: aquel sintagma verbal que expresa la acción que se realiza y todas las circunstancias que la rodean. Puede ser nominal si su núcleo son los verbos copulativos ser, estar o parecer; y verbal, si su núcleo es cualquier otro verbo que no sea alguno de estos tres (predicativos).

* Atributo: 
aquel complemento verbal, exclusivo de los predicados nominales, que indica un rasgo, una característica o una información del sujeto

* Complemento circunstancial: complemento verbal que indica las distintas circunstancias o condiciones que rodean a la acción del verbo. Según la información que indiquen, puede ser de tiempo, lugar, modo, cantidad, compañía, instrumento, causa y finalidad.

martes, 27 de enero de 2026

4º ESO: El Naturalismo

Mientras que el Realismo imperaba en la literatura europea a mediados del siglo XIX, en Francia una nueva corriente empezaba a surgir. Esta, aun así, no se oponía en absoluto a la estética realista. Todo lo contrario: no solo respetó sus preceptos y sus características, sino que las llevó al extremo con el objetivo de demostrar (y denunciar) las contradicciones y los defectos de la sociedad burguesa y la economía capitalista. Este nuevo movimiento literario, coetáneo del Realismo, se llama Naturalismo.

Su impulsor fue el periodista y escritor francés Émile Zola, muy conocido por el caso Dreyfuss, en el que se implicó decididamente para defender la inocencia de Alfred Dreyfuss, un militar de origen judío acusado injustamente de espionaje. Para evitar su condena a muerte, publicó una serie de artículos, entre los que sobresalió 'Yo acuso', donde directamente hacía responsables a políticos y militares del cruel destino que pudiese sufrir a aquel soldado. Aquello le costó el exilio, pero le reportó un enorme prestigio profesional, al que hubo que unir su ya creciente fama como escritor.

Conocedor de las teorías de Taine sobre la influencia de la raza y el medio social en el individuo, Zola se marcó como objetivo en sus novelas reflejar de la forma más exacta posible ese determinismo. En otras palabras, en sus obras quería probar cómo nacer y crecer en unas condiciones concretas (biológicas, económicas, culturales, etc.) podía definir lo que la vida depararía a un ser humano (o a un grupo de personas). Ya se vio en el caso Dreyfuss: el hecho de ser judío supuso una losa para aquel militar. Esas mismas situaciones serían las que tratase de recrear en su serie La fortuna de los Rougon, que le permitió criticar al II Imperio de Napoleón III y sus vicios, así como el alcoholismo, la ambición por el dinero y el poder... Y lo hizo con abundantes descripciones que no omiten detalle y que se recrean en lo visceral, lo violento y lo desagradable.

Este estilo llegará a España casi al mismo tiempo que el Realismo, e influirá en la producción de varios autores. En la última entrada ya comprobamos que Benito Pérez Galdós bebió de esta corriente para las novelas de su segunda etapa (las españolas contemporáneas), como La desheredada, donde cuenta la caída a la prostitución de una joven engañada. Sin embargo, fueron otros tres escritores de la Generación del 68 los que apostaron de forma decidida por el Naturalismo, a saber:

EMILIA PARDO BAZÁN


Condesa, feminista, intelectual, catedrática, periodista... Emilia Pardo Bazán fue una de las principales intelectuales de España en el siglo XIX y a ella se le debe la introducción del Naturalismo en nuestro país. Aunque tocó todos los palos literarios (ensayo, lírica, teatro...), fueron sus novelas y sus relatos cortos los que le dieron la fama. Su obra más significativa fue Los pazos de Ulloa, con la que realiza un retrato de la decadencia de la aristocracia rural gallega, así como del ambiente embrutecido y violento de los pueblos de su tierra natal. En La madre naturaleza, con todo, rompe con el determinismo biológico y social de Zola, mezclando las tesis naturalistas con la tradición cristiana.

VICENTE BLASCO IBÁÑEZ


Nacido en Valencia, este escritor se encargó de representar en sus novelas a la sociedad levantina de su época en todos sus estamentos, desde la alta burguesía hasta los ambientes más sórdidos. Así, en Cañas y Barro mostró la forma de vida de La Albufera valenciana con toda su miseria; mientras que en Arroz y tartana contó cómo una mujer de clase alta condena a la ruina a su familia por mantener las apariencias y jugar con su dinero en la Bolsa. La barraca y Los cuatro jinetes del Apocalipsis completan lo más destacado de su producción literaria.

LEOPOLDO ALAS, 'CLARÍN'


Sin duda alguna, 'Clarín' es el naturalista más célebre de toda la literatura española. Y lo consiguió gracias a una de las novelas cumbre de nuestro idioma, a saber, La Regenta:



En este vídeo se resume a la perfección el argumento de esta novela, que, al igual que Madame Bovary, narra las desventuras de una joven abandonada por su marido que cae en desgracia cuando la soledad la lleva a cometer adulterio. 'Clarín', por medio de los pensamientos de los personajes (monólogos interiorizados), cuenta esta historia ambientada en Vetusta, un pueblo anclado en el pasado y las viejas costumbres, conservador e hipócrita, que contribuirá al infierno personal en el que Ana Ozores se verá sumida sin remisión.

Varios son los temas que toca 'Clarín' en su novela:

1.- El machismo: en una sociedad dominada por hombres, Ana ha sido educada para callar y obedecer. Todas sus aspiraciones y anhelos son continuamente pisoteados, bien por sus tías cuando la crían, bien por su marido (bastante mayor que ella), bien por la actuación de una sociedad que no tiene miramientos con los errores de las mujeres.

2.- La moral decimonónica:
 la sociedad impone un estilo de vida tanto a hombres como a mujeres. Los deseos personales o la libertad son solo utopías en un mundo que te exige que vivas y te comportes de una determinada manera. De lo contrario, sufrirás aislamiento y repudio. Eso, precisamente, es lo que le sucede a Ana, encerrada y encorsetada en unos roles que no desea y condenada por un solo desliz (después de 8 años casada con un hombre que la ignora y no le da hijos).

3.- La religión: o mejor dicho, la intromisión de la Iglesia católica en todos los asuntos de la sociedad. En España, el clero tenía una poderosa influencia en cada decisión que se tomara, lo que, para 'Clarín', Galdós y otros intelectuales, retrasaba a nuestro país con respecto a los demás del Viejo Continente. En esta obra don Fermín de Pas será el que encarne el poder de la Iglesia, provocando con sus celos la desgracia de Ana Ozores.

4.- La política
: en plena Restauración el caciquismo estaba a la orden del día, esto es, que unos pocos hombres manejasen a su antojo los asuntos de una región, manipulando incluso abiertamente las elecciones. Este caciquismo aparece reflejado en el seductor Álvaro Mesía y el marqués de Vegallana, quienes, aun siendo rivales políticos, se repartirán el poder y el dinero entre risas, puros y copas.

5.- España: muchos autores coinciden en que Vetusta es, en realidad, un retrato de la España de la época y de todos sus vicios: la corrupción política, la hipocresía moral, el atraso social, la opresión... Tan asfixiante es el ambiente de Vetusta, tan insoportable, que el lector no puede sino comprender las acciones de Ana Ozores, que pretende rebelarse (sin éxito) contra un sistema social en clara y absoluta decadencia.

lunes, 26 de enero de 2026

4º ESO: El Realismo

A medida que el siglo XIX iba avanzando, las guerras por ideales (como las revoluciones de 1820, 1830 y 1848) fueron cesando gradualmente en toda Europa.
La burguesía había salido triunfante: por fin había conseguido el reconocimiento social y político que demandaba desde hacía un siglo. Y con sus exigencias satisfechas, comenzó a consolidarse como la clase dominante europea gracias a sus fábricas. La invención de la máquina de vapor (a finales del siglo XVIII por parte del escocés James Watt) había revolucionado la forma de producción, permitiendo elaborar más productos en menos tiempo y a menor coste. Aquello impulsó en todo el continente una Revolución Industrial que, por una parte, enriqueció a la burguesía hasta el punto de que esta sobrepasó en bienestar a los propios nobles; y, por otra, inició una carrera tecnológica que permitió a la Humanidad progresar en menos de un siglo más que en toda su Historia.

Asimismo, hubo otro cambio más en la sociedad europea propiciado por esta Revolución Industrial. Hasta ese entonces, la mayoría de la población vivía en el campo, dedicándose a la agricultura. Sin embargo, las nuevas fábricas pagaban mejor y cada año necesitaban más trabajadores, por lo que los jornaleros, poco a poco, fueron abandonando sus pueblos de origen para mudarse a las ciudades, donde se hallaba todo ese tejido industrial. Evidentemente, poblaciones como Londres, París y muchas otras crecieron de una forma espectacular e inusitada en ese tiempo, apareciendo, por consiguiente, nuevos problemas de seguridad, higiene, organización urbanística... Del mismo modo, los obreros, que sufrían unas durísimas condiciones de trabajo, pronto se organizaron para reclamar a la burguesía, primero, respeto y dignidad laboral y, después, derechos y libertades políticas y sociales. Había nacido la sociedad contemporánea.

En este contexto histórico no era de extrañar que el Romanticismo fuera perdiendo adeptos. Ante tantas transformaciones sociales, políticas, económicas y científicas, los ideales ya no resultaban tan interesantes como antes. Asimismo, no tenía sentido alejarse de un mundo, de una sociedad en frenético cambio, como nunca se había dado en la Historia, y que continuamente descubría una nueva región del mundo, una nueva especie animal, una nueva civilización... Por último, los problemas sociales eran tales (la pobreza infantil, la desigualdad) que resultaba imposible ignorarlos. Es por ello que los escritores abandonaron la sensibilidad romántica para adentrarse en un nuevo movimiento que les permitiese estudiar y comprender el mundo que los rodeaba. Nacía así el Realismo.

Como podemos apreciar, eran muchas las diferencias que había entre el Realismo y el Romanticismo. Además de la ya expuesta (el realista se preocupa por su realidad y se centra completamente en ella), el Realismo rechaza la subjetividad y el 'yo' para realizar un estudio objetivo y minucioso del mundo y la sociedad actuales. No obstante, el Realismo, vistos los problemas de la sociedad, no dudará en criticarlos desde una perspectiva ética, incluyendo valoraciones y comentarios al respecto desde la voz del narrador o de uno de sus personajes. En este sentido, el Realismo tiene más en común con la Ilustración, si bien esta apostaba decididamente por el ensayo (a veces literario -Cadalso-, en otras ocasiones más político o económico -Jovellanos-) y el Realismo lo hará por la novela. He ahí otra diferencia más con el Romanticismo: se abandona el verso y se apuesta de forma decidida por una prosa más sobria, sencilla (con pocos recursos literarios) y directa que la romántica.

Para reflejar adecuada y objetivamente la realidad en la que vivían, los novelistas realistas recurrían a muchas técnicas diversas. Por un lado, en sus obras abundaban las descripciones de lugares, personajes y ambientes, que ofrecieran una visión rigurosa de la realidad de la que se iba a hablar. Por otro, mostraban a la perfección, por medio de los diálogos, las diferentes formas de hablar de las clases sociales de la época. Es decir, un personaje que fuese un obrero no solo debía vestir y vivir como tal, sino que, además, tenía que hablar como lo haría un peón del momento. Finalmente, empleaban para sus novelas un narrador omnisciente, capaz de contar absolutamente todo lo relacionado con la historia y, sobre todo, sus personajes: sus sentimientos, su pasado, los motivos de sus acciones, etc.

Por supuesto, el Realismo tuvo muchos seguidores en España, país al que este movimiento llegó casi con 20 años de retraso con respecto de Francia (1830) o Inglaterra (1838). La pionera fue Cecilia Böhl de Faber, una escritora andaluza de origen suizo. Hija de un diplomático y criada en Alemania, con 17 años regresó a España, concretamente a Cádiz, y casi toda su vida estuvo ligada a Andalucía, viviendo en El Puerto de Santa María, Jerez o Sevilla. Sus novelas, que firmaba con el pseudónimo de Fernán Caballero, son consideradas como el inicio de la narrativa realista española, si bien otros estudiosos la consideran prerrealista por la inclusión en ellas de elementos costumbristas. En otras palabras, Cecilia Böhl de Faber no dudó en representar el folclore, las jergas, las canciones y los trajes tradicionales de Andalucía en sus más de 20 obras. De entre todas ellas destacó La Gaviota (1849), donde, desde una perspectiva moralista y conservadora, narra las desventuras de Marisalada, una muchacha egoísta de pueblo que, seducida por la fama y la fortuna que cosecha en Sevilla y Madrid, abandonará a su marido y se hará la amante de un torero. Esa decisión provocará que caiga sobre ella la desgracia y la vergüenza.

Tendrían que pasar otras dos décadas, con todo, para que otros escritores siguiesen la estela realista de Cecilia Bóhl de Faber. Es decir, que España se incorporó definitivamente al Realismo en la década de 1870, casi 40 años después de su aparición en otros países europeos. La Generación de 1868 será la encargada de recoger el testigo, pudiendo dividirse sus miembros en dos facciones, a saber, el Realismo tradicional (defensor de los antiguos valores españoles) y el liberal (más crítico con el país y sus costumbres). En el primero podemos hallar a Pedro Antonio de Alarcón (El sombrero de tres picos -1874-) o al cántabro José María Pereda, quien reflejó en sus novelas (Sotileza -1885-, Peñas Arriba -1895-) la forma de vida de los pueblos pesqueros y de la montaña de su tierra natal. En el Realismo liberal, por su parte, se encontraría el cordobés Juan Valera, cuya novela más notable fue Pepita Jiménez (1874), en la que, al igual que en Juanita la Larga (1896), reflexionó críticamente sobre las trabas sociales y morales impuestas al amor, así como sobre la hipocresía en torno a este.
La denominada

Sin embargo, la figura más importante del Realismo español no fueron estos autores, sino uno de origen canario:



Benito Pérez Galdós era el mejor novelista que había nacido en nuestro país desde Miguel de Cervantes y, por ello, pugnó por ser el primer premio Nobel español. Lamentablemente, las intrigas de sus rivales políticos se lo impidieron. Eso, por supuesto, no resta méritos a su extensa producción en prosa, donde destacan los Episodios Nacionales. En ellos, Pérez Galdós refleja los grandes acontecimientos históricos que vivió España en el siglo XIX, desde la batalla de Trafalgar (en la que las fuerzas enemigas de Napoleón Bonaparte derrotaron a la armada hispano-francesa) hasta la Restauración de la monarquía y los Borbones en 1874. Aun así, no debemos entender sus Episodios como tratados históricos. Si bien Galdós, como buen realista, realizó una excelsa labor de documentación e investigación, la originalidad de sus Episodios reside en que cuenta esos hechos históricos desde la perspectiva de la gente anónima y corriente (inventada por el propio Galdós) que los vivió en primera persona.

Por si 46 Episodios no fueran suficientes, Galdós publicó, además, otras 32 novelas, las cuales pueden clasificarse en tres grupos diferenciados:

A) Las novelas de tesis, publicadas entre 1870 y 1878. Entre ellas, sobresale Doña Perfecta (1876), que simboliza a la perfección las claves de estas novelas de tesis:


Si os habéis fijado, en este fragmento chocan dos posturas. Por un lado, se encuentra don Inocencio, cura de Orbajosa, representante de las viejas formas de la España más tradicional; y, por otro, don Pepe Rey, ingeniero de tendencia más liberal que trata de imponer la ciencia y la razón sobre la superstición. Precisamente ese es el tema principal de las novelas de tesis: el enfrentamiento entre la religiosidad y la ciencia, entre la corriente política conservadora y la liberal.

B) Las novelas españolas contemporáneas, publicadas entre 1881 y 1889. En ellas, apuesta claramente por la estética del Naturalismo (ya veremos en qué consiste en futuras entradas) y realiza un retrato perfecto del Madrid de su tiempo en todos sus estamentos sociales:



En estas novelas no abandona sus ideas políticas, pero sus personajes serán algo más complejos. Ya no habrá una clara división entre buenos (Pepe Rey, Rosarito) y malos (Don Inocencio, Doña Perfecta), sino que cada ser humano tendrá mayor o menor suerte según la vida que lleve, o la que le dejen llevar. La desheredada (donde narra la mala fortuna de Isidora, quien acaba con sus huesos en la prostitución y la cárcel) fue la novela que inició esta corriente, si bien la más importante es Fortunata y Jacinta (1887), en la que, por medio de un trío amoroso (la adinerada Jacinta, la humilde Fortunata y el vividor Juan Santa Cruz), Galdós realiza una fuerte crítica al papel de la mujer en la sociedad, la hipocresía dominante de la burguesía, la religiosidad asfixiante y dominante...

C) Las novelas espiritualistas, que comprenden las que Benito Pérez Galdós escribió a partir de 1890 y hasta su muerte en 1920. Con estas novelas, el novelista canario abandona su preocupación por la sociedad y se centra más en el alma humana, en el mundo interior de sus personajes, caracterizados por su sentido de la caridad y de entrega a los demás:



Este fragmento  (donde habéis visto un magnífico ejemplo de monólogo interno, un recurso narrativo crucial del Realismo) corresponde a Misericordia (1897), la novela más destacada de esta etapa. En ella, una criada llamada Benina trata de hacer lo que sea para que su señora, doña Francisca, una dama venida a menos, no se muera de hambre. Benina tendrá que recurrir a la mendicidad para ello, sin que su señora lo sepa. El alma pura y buena de Benina, caritativa con todos, chocará de frente con la de una doña Francisca que, solo por las apariencias, acabará echando a Benina de su lado. 

En 1920 Benito Pérez Galdós fue despedido por más de 30.000 madrileños, quienes reconocieron el mérito de un novelista canario admirado e imitado por todos los grandes escritores e intelectuales españoles de principios del siglo XX. Su influencia en la narrativa de nuestro país solo es comparable, como ya se ha indicado, a la del mismísimo Cervantes; y su muerte marca el final definitivo de esta etapa literaria en España.

viernes, 23 de enero de 2026

2º ESO: Cuentos y novelas

Para terminar el tema de la narración, hemos estudiado esta última semana los dos subgéneros narrativos más importantes y extendidos: los cuentos y las novelas, que se diferencian de los mitos, las leyendas o las fábulas, sobre todo, por su longitud. A fin de cuentas, estas últimas suelen ser bastante cortas, mientras que los cuentos y las novelas son narraciones mucho más extensas. Lo pudimos comprobar en clase con La leyenda de Sleepy Hollow, el famoso cuento de Washington Irving:

 

Asimismo, en esta historia ya pudimos apreciar los rasgos fundamentales de un cuento:

1.- No hay excesivos personajes: Ichabod, Katrina y Hueso, fundamentalmente, aparte de los secundarios (algunos de ellos incorporados, de hecho, por Disney).

2.- Esos personajes apenas evolucionan psicológicamente, es decir, su personalidad no sufre casi ningún cambio a medida que avanza la narración. Por ejemplo, Ichabod es un supersticioso al principio de la historia, y también al final; Hueso es un fanfarrón desde que la historia arranca hasta que esta acaba...

3.- Solo se desarrolla una única acción o historia. En este caso, la de Ichabod en el pueblo de Sleepy Hollow.

Existe una cuarta característica que aquí no se aprecia, y es que, en los cuentos, no suele detallarse con precisión ni el espacio ni el tiempo en el que tiene lugar la historia. No obstante, hay que reconocer que eso es más propio de cuentos populares, como Caperucita Roja o La bella durmiente, que de los literarios, como el de Irving.

¿Y en qué consisten estos dos tipos de cuentos? Veámoslo:

Un cuento popular es aquel cuyo origen no se conoce. Nadie sabe con exactitud quién lo ideó ni cuándo. Por tanto, son anónimos. Antiguamente, no se contaban exclusivamente para entretener a los niños, sino para enseñar a todos, mayores y pequeños, pautas de conducta que les pudieran ser de utilidad en sus vidas cotidianas. Asimismo, como nadie, por aquel entonces, sabía leer ni escribir, esos cuentos se transmitían de forma oral, por lo que empezaron a aparecer diferentes versiones. Por último, hay que destacar que se caracterizan por presentar elementos mágicos o fantásticos (brujas, gigantes, ogros, hadas...), así como personajes planos (o buenos -Caperucita, el gato con botas- o malos -brujas, gigantes-, sin término medio).

* A partir de los siglos XVII y XVIII, la gente empezó a aprender a leer y escribir, consumiendo libros para su entretenimiento. Los cuentos, por tanto, ya no tenían por qué transmitirse vía oral, sino que podían relatarse por escritoexistiendo, por tanto, una única versión de los mismos. Sus autores comenzaron a ser conocidos (es decir, los cuentos dejaron de ser anónimos) y abandonaron la tradición popular para escribir narraciones más realistas (personajes propios del día a día, del mundo en el que vivían), sin elementos mágicos ni enseñanzas. A este nuevo tipo se lo conoce como cuento literario.

Además del cuento, también hemos estudiado lo que es una novela, que se caracteriza por:

1.- Hay muchísimos personajes.Tomando como ejemplo El Hobbit, en dicha novela podemos encontrar a Bilbo, Gandalf, los enanos, Smaug, los elfos de Rivendel y el Bosque Negro, Beorn, Bardo y los hombre de Valle, los trasgos, los huargos... Otro ejemplo sería Los juegos del hambre, donde se hallan Katniss, Peeta, Haymitch, Gale, Prim, Cinna, todos los tributos de los distritos, el presidente del Capitolio...

2.- Esos personajes cambian, evolucionan a lo largo de la narración. Bilbo, al principio de El Hobbit, es un poco cobarde, una persona que no le gusta meterse en problemas, humilde, sencilla... Cuando regresa, es valiente, decidido, seguro de sí mismo... Su personalidad ha cambiado. Otro ejemplo más: Katniss Everdeen, al principio de Los Juegos del hambre, acepta la realidad en la que vive (aunque no le guste); tras los sucesos del primer libro, no solo apoya a la rebelión contra el Capitolio, sino que la lidera.

3.- Hay varios arcos argumentales. En El Señor de los Anillos (J.R.R. Tolkien), por ejemplo, nos cuentan, por un lado, el viaje de Sam y Frodo; por otro, el de Gandalf; y por otro, el de Aragorn; en Historia de dos ciudades (Charles Dickens), hay hasta cinco historias paralelas que, al final, se unen en una sola...

4.- El tiempo y el espacio de la narración sí están especificados con total detalle. 

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