miércoles, 19 de noviembre de 2025

4º ESO: El teatro en el Romanticismo

El último género reseñable en el Romanticismo fue el teatro, naciendo en esta etapa una de las grandes obras dramáticas de nuestro idioma, a saber:



Don Juan Tenorio lleva a su cumbre máxima al mito del seductor que ya se había visto en El burlador de Sevilla, de Tirso de Molina, o El estudiante de Salamanca, de Espronceda. José Zorrilla no solo encarna en ella perfectamente el espíritu del Romanticismo (ambientes tétricos, personajes apasionados), sino que rompe definitivamente con lo que era el teatro ilustrado. Si recordáis los temas anteriores, la Ilustración propugnaba que el género dramático debía cumplir tres normas:

- La obra ha de ser verosímil, es decir, ha de imitar a la realidad actual. Don Juan Tenorio, por el contrario, y aunque está ambientada en Sevilla, tiene lugar en la época del Imperio español (un par de siglos atrás), cumpliendo con la necesidad romántica de alejarse del mundo; y, sobre todo, emplea elementos sobrenaturales, como los espectros de Don Gonzalo o Don Luis.

- La obra ha de ser una escuela de buenas costumbres para la sociedad. En Don Juan Tenorio esta intención didáctica no ha desaparecido por completo (se pueden extraer algunas lecciones morales y religiosas de la tragicomedia), si bien ya no era el objetivo principal que perseguía Zorrilla cuando la escribió.

- La obra ha de componerse siguiendo la regla de la unidad: un único espacio, un único tiempo y una única acción. En Don Juan Tenorio, por contra, esta norma se transgrede por completo. De este modo, la historia ocurre en varios lugares distintos de Sevilla (la casa de Don Juan, el convento donde está Doña Inés, el cementerio...) y en dos épocas diferenciadas (una con Don Juan de joven y otra en la que el galán vuelve a Sevilla después de varios años). Por último, varias son las acciones que suceden en la obra: la apuesta entre Don Juan y Don Luis; el secuestro y seducción de Doña Inés; etc.

- Por si esto no fuera poco, Zorrilla compone su obra en verso (combinando diferentes tipos de estrofas), cuando los ilustrados impusieron la prosa para sus teatros.

Por supuesto, Don Juan Tenorio no fue la primera que rompió con la rigidez y los esquemas de la Ilustración. Diez años antes de su publicación, ya habían hecho lo propio Juan Eugenio Hartzenbusch con Los amantes de Teruel; Antonio García Gutiérrez con El trovador; y sobre todo, Ángel Saavedra, duque de Rivas, con Don Álvaro o la fuerza del sino:



Don Álvaro o la fuerza del sino y Don Juan Tenorio son, sin duda alguna, los grandes exponentes del teatro romántico, cuyos rasgos, además de los anteriormente citados, se ven reflejados a la perfección en ambas obras:

a) La exaltación del yo y los sentimientos queda patente en el retrato que se hace del amor como fuerza absoluta que puede condenar o salvar el alma humana. Así, Don Juan evitará el infierno gracias al amor que comparte con Doña Inés; por el contrario, Don Álvaro solo conocerá la desgracia en su vida por culpa de lo que en su día sintió por Doña Leonor, que acabará también condenada por el mismo motivo.

b) Don Juan y Don Álvaro son el prototipo de héroe romántico: valientes, rebeldes, osados, idealistas y enemigos de las normas sociales que les impiden conseguir lo que más desean. Su contagiosa pasión será, por desgracia, su condena. El destino que espera a aquellos que van en contra de lo establecido es siempre trágico, siendo la muerte su final más común.

c) Es habitual la mezcla de lo trágico con lo cómico. Cuando conocemos a Don Juan, es imposible no sonreírse con las aventuras y las bromas de este galán y su manera de humillar a Don Luis o Don Gonzalo. No obstante, poco a poco, a medida que su destino aciago se va acercando, la obra asumirá un tono mucho más serio, propio de la tragedia. En Don Álvaro o la fuerza del sino la historia comienza con un corrillo de parroquianos sevillanos que cotillea a costa del hidalgo, soltando algunas especulaciones realmente divertidas. En cuanto el padre de Doña Leonor muere, la acción se torna grave, triste y lúgubre.

d) Se combina en ambas obras la prosa (con un lenguaje sencillo y coloquial) con el verso, empleado para los instantes más dramáticos y emotivos, en los que el vocabulario cambiará a uno más complejo y poético.
e) La presencia de tormentas (la naturaleza como símbolo de las pasiones), elementos sobrenaturales y otros recursos obligará en las representaciones de estas obras a utilizar toda clase de efectos especiales, así como de luz y sonido, decorados artificiosos y grandilocuentes, etc.

Si disponéis de tiempo, deberíais ver ambas obras. No solo vais a aprender más sobre el Romanticismo, sino que, además, os van a gustar mucho. Y con esto acabamos este movimiento literario. Si tenéis alguna duda, emplead los comentarios, ¿de acuerdo? ¡Ánimo y a seguir estudiando!

2º ESO: Los sintagmas


A lo largo de esta semana hemos comenzado a trabajar por fin con el análisis sintáctico, partiendo desde lo más simple, a saber, conocer los distintos tipos de sintagmas y estudiarlos sueltos, es decir, fuera de una oración. Y, de cara a que podáis repasar este fin de semana, os he escrito esta entrada, en la que os recopilo toda la información que debéis conocer sobre este asunto. Del mismo modo, si tenéis alguna duda, os invito a expresarla a través de los comentarios de esta entrada, procurando yo contestaros lo antes posible.

Empecemos pues con la pregunta clave: ¿qué es un sintagma? Muy simple: un sintagma es un conjunto de palabras que cumple una función concreta dentro de la oración. Ya llegará el momento en que estudiemos las diversas "misiones" que puede realizar un sintagma en la oración; por el momento, nos conformaremos con saber dicha definición, además de reconocer los distintos tipos de sintagmas que hay. 


¿Y cuántas clases existen? Cinco:

1.- Sintagmas nominales (SN): aquellos cuyo núcleo es un sustantivo o, en su defecto, un pronombre. 

2.- Sintagmas adjetivales (S. adj.): cuyo núcleo será un adjetivo.

3.- Sintagmas adverbiales (S. Adv.): cuyo núcleo será un adverbio

4.- Sintagmas verbales (SV): cuyo núcleo será un verbo, el cual puede ir complementado por toda clase de sintagmas (nominales, preposicionales, adjetivales y/o adverbiales). De momento, dejaremos este tipo de sintagma aparcado, pues podremos analizarlo mejor cuando estudiemos los predicados y los complementos verbales.

5.- Sintagmas preposicionales (S. prep.): son muy fáciles de reconocer, puesto que siempre presentan la siguiente estructura:

Preposición (Enlace) + Sintagma nominal, adjetival o adverbial (Término)

Ejemplos:

De un país feliz
S. prep.
 __  ________
E       T (SN)
          __ ___ ___
         Det   N   Ady.

De la casa de gominola
S. prep.
__ _______________
                                                                 E                     T (SN)
                                                                        __ __ __________
                                                                         D.  N    S. prep.CN
                                                                                   __ _______
                                                                                    E      T (SN)
                                                                                         _______
                                                                                          N

Como habéis podido comprobar en estos ejemplos que acabo de poner, los sintagmas nominales no solo están formados por un sustantivo sin más, sino que van acompañados de otros elementos, que actúan como complementos. ¿Y cuáles puede llevar?

a) Determinantes
 (puede haber más de uno a la vez). Ejemplos:

Otro muelle

Todo el asfalto

b) Sintagmas preposicionales complementos del nombre (S. prep. CN). Ejemplo:


Un hombre del país feliz de la casa de gominola de la calle de la piruleta
S. prep. CN

c) Adyacentes (Ady.)que son aquellos adjetivos que complementan al núcleo en un sintagma nominal. Ejemplos: Eavaro señor Burns; ehambriento Homer; el travieso Bart...

d) Aposiciones (Apos.), que son aquellos sustantivos que complementan al núcleo en un sintagma nominal. En estos casos, decimos que el primer sustantivo que aparezca será el núcleo, mientras que el segundo será la aposición. Ejemplos: 

El payaso Krusty
D.     N       Apos.

Mi hermana Maggie
D.    N      Apos.

* ¿Y cómo son las estructuras de los sintagmas adjetivales y adverbiales? Pues francamente similares. Vamos a verlas:

I) Los núcleos de los sintagmas adjetivales (S. adj.), esto es, los adjetivos, pueden ir acompañados de:
a) Modificadores (Mod), que son adverbios de cantidad (muy, poco, algo, bastante...) o adverbios acabados en -mente (increíblemente, sensiblemente, evidentemente...). Ejemplos: Homer Simpson es poco paciente; el Señor Burns es increíblemente avaro; Lisa Simpson es realmente engreída...

b) Sintagmas preposicionales complementos del adjetivo (S. prep. C.Adj.): Apu es hindú de nacimiento...

II) En cuanto a los sintagmas adverbiales (S. Adv.), su núcleo será un adverbio, el cual presentará los mismos complementos que un sintagma adjetival, es decir:
 
a) Modificadores (Mod), que son adverbios de cantidad (muy, poco, algo, bastante...) o los adverbios acabados en -mente. Ejemplos:  Springfield está increíblemente lejos de Nueva York; la casa de la familia Simpson está bastante cerca de la tienda de Apu...

b) Sintagmas preposicionales complementos del adverbio (S. prep. C. Adv.): Springfield está increíblemente lejos de Nueva York; la casa de la familia Simpson está bastante cerca de la tienda de Apu...


En cuanto al análisis en sí, ya lo hemos practicado en clase, por lo que no me voy a detener en ese apartado. Lo que sí voy a hacer, además de abrir el turno de preguntas y dudas, es indicar un par de consejos para realizar esta tarea de desmenuzar sintagmas:

1.- Prestad mucha atención a las palabras que lo conforman. Si, por ejemplo, un sintagma está conformado por el determinante 'el', el adjetivo 'furioso' y el sustantivo 'Homer', queda claro que dicho sintagma solo podría ser o adjetival o nominal. Ahora bien, ¿cuál es la opción correcta? En este sentido, debéis fijaros en los esquemas que he ido dando en clase o en las entradas de blog sobre los sintagmas. En los adjetivales, el adjetivo-núcleo sólo puede ir complementado por modificadores (adverbios de cantidad) o sintagmas preposicionales, y nunca por determinantes o sustantivos. Por consiguiente, no podrá ser adjetival. Sin embargo, en uno nominal, el sustantivo-núcleo sí puede ir complementado por un determinante o un adjetivo-adyacente; por tanto, este sintagma será nominal:

El furioso Homer
SN
__ _____ _____
D.    Ady.     N

2.- Los sintagmas preposicionales SIEMPRE empiezan con una preposición, que actúa como enlace, y todo lo demás conforma un sintagma nominal, adjetival o adverbial, que actúa como término.

3.- No todos los sintagmas preposicionales han de estar obligatoriamente complementando a un núcleoPueden ser independientes.

4.- Los sintagmas preposicionales pueden ir encadenados, como sucede en este ejemplo:

De la casa de gominola de la calle de la piruleta
S. prep.
__ _________________________________
E                                                          T(SN)
        __ __ _____________________________
         D.  N                                         S. prep.CN
                __ ________________________
                E                                       T (SN)
                       ____ _______________
                        N          S. prep. CN
                             __ ______________
                   E         T( SN)
                                            __ ___ ___________
                                               D.  N        S. prep. CN
                                                                    __ ______________
                                                           E          T (SN)
                                                                 __ ________
                                                             D.         N

5.- Los adyacentes y las aposiciones solo se van a encontrar en los sintagmas nominales. Los modificadores, por su parte, son exclusivos de los adjetivales y los adverbiales.

¿Alguna duda? ¡Pues a los comentarios!

jueves, 13 de noviembre de 2025

2º ESO: Subgéneros narrativos

Además de los cuentos y las novelas (de las que hablaremos en el próximo trimestre), este año vamos a estudiar otros cuatro subgéneros narrativos más, es decir, cuatro formas diferentes de narración que existen en nuestra literatura. Veamos de qué trata cada uno:

a) Las leyendas se caracterizan por mezclar personas o lugares de la realidad con elementos sobrenaturales o mágicos. Vimos este ejemplo en clase:



La Casa Blanca es un sitio real, al igual que Abraham Lincoln o John F. Kennedy, que fueron presidentes de los Estados Unidos; sin embargo, el fantasma del gato negro o las premoniciones de Lincoln son elementos sobrenaturales, es decir, que no parecen reales. Otro ejemplo de leyenda sería:

 

Supongo que todos habréis reconocido la famosa escena, en la que el rey Arturo saca la espada Excalibur de la piedra. Aunque un arma mágica como Excalibur o un mago como Merlín son elementos irreales, Arturo se supone que fue un personaje histórico, que vivió en Inglaterra un poco antes de las invasiones bárbaras. Sin embargo, su historia se ha ido perdiendo en el tiempo y mezclándose con aspectos mágicos y sobrenaturales, convirtiéndose así en una leyenda. También podemos encontrar leyendas inspiradas en Sevilla, como la de la calle Sierpes, la del Hombre de Piedra, etc.

b) Los mitos, que versan sobre los actos o hechos protagonizados por los dioses (Zeus, Ra, Odín...) de las antiguas religiones. En clase vimos el año pasado varios ejemplos, algunos relacionados con estos personajes:



Los protagonistas de la narración son todos ellos dioses de la mitología nórdica: Odín, Thor, Loki y Freya. Además, en este vídeo también apreciamos otro de los rasgos típicos de los mitos, a saber, que aparecen en ellos monstruos de todo tipo, siendo, en este caso, gigantes, las criaturas horribles a las que debían enfrentarse los dioses escandinavos.

c) Las fábulas son historias muy cortas protagonizadas habitualmente por animales, y que contienen al final una moraleja, una enseñanza moral. Por ejemplo:



Los protagonistas de este relato son dos animales (el león y el ratón) y, al final del mismo, se ofrece una enseñanza (todos podemos ser de utilidad). Estos mismos rasgos los encontramos en este otro vídeo:



Los protagonistas vuelven a ser animales (esta vez una cigarra y las hormigas), enseñándonos al final que no podemos dejar para mañana lo que tenemos que hacer ya, o pagaremos caro las consecuencias.

c) La epopeya, por su parte, es un subgénero narrativo, escrito en verso, que narra las vivencias de héroes pertenecientes a culturas antiguas. En clase vimos dos ejemplos perfectos de lo que es una epopeya:


 

En La Ilíada, Homero nos cuenta las aventuras que viven durante la Guerra de Troya varios héroes importantísimos para la Grecia antigua como Héctor, Aquiles, Ayax u Odiseo, a quien conoceréis con el nombre de Ulises. El rey de Ítaca, como habéis visto, protagonizará otra epopeya crucial para la cultura griega: La Odisea, en la que se nos revela las decenas de obstáculos que tuvo que sortear Ulises para regresar a casa. Otro ejemplo de epopeya sería el Poema de Gilgamesh, procedente de Mesopotamia:


 

En la Edad Media se siguieron componiendo, pero ya no se llamaron epopeyas, sino cantares de gesta. La más importante en España fue el Cantar del Mío Cid, basado en las hazañas de Rodrigo Díaz de Vivar, héroe medieval castellano:

¿Alguna duda? ¡Pues a los comentarios!

miércoles, 12 de noviembre de 2025

4º ESO: Narrativa en el Romanticismo

Si bien el verso gozó de gran popularidad en el Romanticismo, eso no implica que no hubiese producción literaria en prosa. De hecho, con la salvedad de algunos cuentos, la mayoría de la narrativa romántica se escribió de esta forma. La prensa, que fue adquiriendo en este siglo XIX un peso social crucial, fue su gran impulsora, publicando, junto a sus noticias, relatos de distintos autores que eran muy del gusto del público. De esta forma, por ejemplo, se ganaron la vida el célebre Edgar Allan Poe (ya escuchasteis una de sus obras más conocidas, El cuervoen la entrada anterior) o el ya mencionado Gustavo Adolfo Bécquer, entre otros.

Las obras de la narrativa romántica se pueden agrupar en dos grandes categorías:

* La narrativa fantástica y de terror: si algo apasionaba a la gente en el siglo XIX era, sin lugar a dudas, todo lo relacionado con los espíritus y el folclore. Pese a que esta centuria supuso un punto de inflexión definitivo en el desarrollo de las ciencias y la escolarización de los niños, la sociedad seguía obsesionada con los misterios del Más Allá. De ahí que uno de los géneros narrativos más consumidos fueran los cuentos y las novelas de miedo. En ellas, lo real se mezclaba con lo sobrenatural, otorgando una verosimilitud que permitía al público meterse en la historia y creerse que pudiera ser cierta. La inglesa Mary Shelley (creadora del monstruo de Frankenstein) y el estadounidense Poe fueron sus principales exponentes internacionales. En España, brilló con luz propia Gustavo Adolfo Bécquer con sus Leyendas, publicadas en periódicos madrileños como El Contemporáneo y La América. En sus Leyendas Bécquer transportaba al lector a la España medieval, donde sus personajes sufrían un destino adverso por culpa del amor y la intervención de elementos fantasmagóricos o divinos. Al igual que en sus Rimas, Bécquer luce aquí su tradicional estilo basado en la sencillez y la naturalidad.

* Los artículos de opinión: como ya se ha comentado, la prensa se convirtió en este siglo en un pilar fundamental de la sociedad. Sin embargo, se carecían de los medios necesarios para conseguir una gran cantidad de noticias en poco tiempo (el telégrafo y el teléfono aparecerían mucho más tarde). Por ese motivo, se rellenaban las páginas con cuentos literarios y, sobre todo, artículos de opinión. Estos nada tenían que ver con los de hoy día: eran mucho más extensos y lucían un marcado carácter literario. Sus firmantes, eso sí, criticaban en ellos diferentes temas de actualidad, tanto políticos como, sobre todo, sociales, lo que los obligaba, en muchas ocasiones, a esconderse bajo pseudónimos (ante la posibilidad de ser detenidos o incluso condenados por sus palabras).

Se podría decir que estos artículos eran herederos directos del ensayo ilustrado, pues su objetivo era el mismo: exponer con ironía las deficiencias de la sociedad para reformarla y mejorarla. Ahora bien, mientras que los ilustrados empleaban un estilo sencillo y directo, los románticos se decantaban por un lenguaje algo más complejo, con abundantes recursos literarios. Del mismo modo, mezclaban el ensayo con el cuento y no se centraban tanto en los grandes problemas de España como en las costumbres y los vicios de la sociedad. Destacaron como articulistas varios nombres (Ramón Mesonero Romanos, Serafín Estébanez Calderón), pero el más importante, sin duda, fue Mariano José de Larra.

Nacido en Madrid, Larra fue una de las figuras más reconocidas de la prensa y la política del primer tercio del siglo XIX en España. Fue amigo de Espronceda y admirador del ilustrado José Cadalso, cuyo estilo trató de imitar en sus artículos de costumbres, que firmaba bajo los sobrenombres de DuendeEl pobrecito hablador y, muy especialmente, Fígaro. Critica, por supuesto, diversas cuestiones políticas del momento (como el carlismo, la pena de muerte o la censura); pero se centró más que nada en la forma de ser de los españoles, a la que culpaba de los males del país. Sirva como ejemplo este fragmento de uno de sus artículos más conocidos, Vuelva usted mañana:

Un extranjero de estos fue el que se presentó en mi casa, provisto de competentes cartas de recomendación para mi persona. Asuntos intrincados de familia, reclamaciones futuras, y aun proyectos vastos concebidos en París de invertir aquí sus cuantiosos caudales en tal cual especulación industrial o mercantil, eran los motivos que a nuestra patria le conducían.

Acostumbrado a la actividad en que viven nuestros vecinos, me aseguró formalmente que pensaba permanecer aquí muy poco tiempo, sobre todo si no encontraba pronto objeto seguro en que invertir su capital. Pareciome el extranjero digno de alguna consideración, trabé presto amistad con él, y lleno de lástima traté de persuadirle a que se volviese a su casa cuanto antes, siempre que seriamente trajese otro fin que no fuese el de pasearse. Admirole la proposición, y fue preciso explicarme más claro.

-Mirad -le dije-, monsieur Sans-délai -que así se llamaba-; vos venís decidido a pasar quince días, y a solventar en ellos vuestros asuntos.

-Ciertamente -me contestó-. Quince días, y es mucho. Mañana por la mañana buscamos un genealogista para mis asuntos de familia; por la tarde revuelve sus libros, busca mis ascendientes, y por la noche ya sé quién soy. En cuanto a mis reclamaciones, pasado mañana las presento fundadas en los datos que aquél me dé, legalizadas en debida forma; y como será una cosa clara y de justicia innegable, al tercer día se juzga el caso y soy dueño de lo mío. En cuanto a mis especulaciones, en que pienso invertir mis caudales, al cuarto día ya habré presentado mis proposiciones. Serán buenas o malas, y admitidas o desechadas en el acto, y son cinco días; en el sexto, séptimo y octavo, veo lo que hay que ver en Madrid; descanso el noveno; el décimo tomo mi asiento en la diligencia, si no me conviene estar más tiempo aquí, y me vuelvo a mi casa; aún me sobran de los quince cinco días.

Al llegar aquí monsieur Sans-délai traté de reprimir una carcajada que me andaba retozando ya hacía rato en el cuerpo, y si mi educación logró sofocar mi inoportuna jovialidad, no fue bastante a impedir que se asomase a mis labios una suave sonrisa de asombro y de lástima que sus planes ejecutivos me sacaban al rostro mal de mi grado.

-Permitidme, monsieur Sans-délai -le dije entre socarrón y formal-, permitidme que os convide a comer para el día en que llevéis quince meses de estancia en Madrid.
-¿Cómo?
-Dentro de quince meses estáis aquí todavía.
-¿Os burláis?
-No por cierto.
-¿No me podré marchar cuando quiera? ¡Cierto que la idea es graciosa!
-Sabed que no estáis en vuestro país activo y trabajador.
-¡Oh!, los españoles que han viajado por el extranjero han adquirido la costumbre de hablar mal siempre de su país por hacerse superiores a sus compatriotas.
-Os aseguro que en los quince días con que contáis, no habréis podido hablar siquiera a una sola de las personas cuya cooperación necesitáis.

Amaneció el día siguiente, y salimos entrambos a buscar un genealogista, lo cual sólo se pudo hacer preguntando de amigo en amigo y de conocido en conocido: encontrámosle por fin, y el buen señor, aturdido de ver nuestra precipitación, declaró francamente que necesitaba tomarse algún tiempo; instósele, y por mucho favor nos dijo definitivamente que nos diéramos una vuelta por allí dentro de unos días. Sonreíme y marchámonos. Pasaron tres días; fuimos.

-Vuelva usted mañana -nos respondió la criada-, porque el señor no se ha levantado todavía.
-Vuelva usted mañana -nos dijo al siguiente día-, porque el amo acaba de salir.
-Vuelva usted mañana -nos respondió al otro-, porque el amo está durmiendo la siesta.
-Vuelva usted mañana -nos respondió el lunes siguiente-, porque hoy ha ido a los toros.
-¿Qué día, a qué hora se ve a un español? Vímosle por fin, y «Vuelva usted mañana -nos dijo-, porque se me ha olvidado. Vuelva usted mañana, porque no está en limpio».

A los quince días ya estuvo; pero mi amigo le había pedido una noticia del apellido Díez, y él había entendido Díaz, y la noticia no servía. Esperando nuevas pruebas, nada dije a mi amigo, desesperado ya de dar jamás con sus abuelos.

No paró aquí; un sastre tardó veinte días en hacerle un frac, que le había mandado llevarle en veinticuatro horas; el zapatero le obligó con su tardanza a comprar botas hechas; la planchadora necesitó quince días para plancharle una camisola; y el sombrerero a quien le había enviado su sombrero a variar el ala, le tuvo dos días  con la cabeza al aire y sin salir de casa.

Sus conocidos y amigos no le asistían a una sola cita, ni avisaban cuando faltaban, ni respondían a sus esquelas. ¡Qué formalidad y qué exactitud!

Finalmente, después de medio año largo, si es que puede haber un medio año más largo que otro, se restituyó mi recomendado a su patria maldiciendo de esta tierra, y dándome la razón que yo ya antes me tenía, y  llevando al extranjero noticias excelentes de nuestras costumbres; diciendo sobre todo que en seis meses no había podido hacer otra cosa sino «volver siempre mañana», y que a la vuelta de tanto «mañana», eternamente futuro, lo mejor, o más bien lo único que había podido hacer bueno, había sido marcharse.

¿Tendrá razón, perezoso lector (si es que has llegado ya a esto que estoy escribiendo), tendrá razón el buen monsieur Sans-délai en hablar mal de nosotros y de nuestra pereza? Dejemos esta cuestión para mañana, porque ya estarás cansado de leer hoy: si mañana u otro día no tienes, como sueles, pereza de volver a la librería, pereza de sacar tu bolsillo, y pereza de abrir los ojos para hojear las hojas que tengo que darte todavía, te contaré cómo a mí mismo, que todo esto veo y conozco y callo mucho más, me ha sucedido muchas veces, llevado de esta influencia, hija del clima y de otras causas. Y da gracias de que llegó por fin este mañana que no es del todo malo: pero ¡ay de aquel mañana que no ha de llegar jamás!

En este artículo se aprecia claramente cómo era el estilo de Larra, quien combinaba la narración ficticia (la historia del francés que viene a España a realizar unas gestiones) con el ensayo. La ironía rebosa por los cuatro costados, desde el mismo nombre del visitante francés (Sans-délai, que significa literalmente "Sin retraso") hasta las burlas de Larra ("permitidme que os convide a comer para el día en que llevéis quince meses de estancia en Madrid."), pasando por los mismos acontecimientos que suceden en el relato. Todo ello lleva al lector a percatarse de lo terriblemente informales que podemos ser los españoles en cualquier ámbito, lo que, evidentemente, nos condena a ser más atrasados que nuestros vecinos franceses. Con esta critica mordaz, Larra persigue que España sea un país más serio de lo que es, apuntando a uno de sus mayores pecados: la pereza.

jueves, 6 de noviembre de 2025

4º ESO: La narración

1.- ¿Qué es una narración?

Aquella que nos cuenta una historia, es decir, una serie de hechos o acontecimientos (que pueden ser reales o imaginarios) que viven unos personajes en un lugar y un tiempo determinados. Dicha historia nos la ha de contar siempre un narrador.

2.- 
¿Qué elementos tiene un texto narrativo?

* El espacio: el lugar en el que tienen lugar los hechos que nos están contando. Puede ser real, imaginario... Por ejemplo, El Quijote tiene lugar en Castilla (sitio real); Las Crónicas de Narnia, en Narnia (imaginario)...

* El tiempo: cuándo ocurren los acontecimientos que nos narran en el texto. Aquí debemos estar pendientes de la época histórica (o tiempo externo) en la que suceden los hechos (por ejemplo, El sol no se detiene tiene lugar en la Prehistoria; las aventuras de Sherlock Holmes, en el siglo XIX); y del tiempo de la historia (o tiempo interno), es decir, de la cantidad de tiempo que pasa entre el comienzo y el final de dicho relato (por ejemplo, en El Señor de los Anillos, el viaje de Frodo para destruir el anillo dura dos años).

* Los personajes: que pueden ser principales (los que llevan el peso de los acontecimientos, como Frodo, Don Quijote, los hermanos Pevensie...) o secundarios (tienen menos importancia en el relato, aunque participen en él). Los principales, a su vez, pueden ser protagonistas o antagonistas (el que se opone al protagonista e intenta impedir que logre sus propósitos).

* La estructura: aquí distinguimos el planteamiento (donde se presentan los acontecimientos y los personajes), el nudo (donde se van desarrollando los hechos) y el desenlace (el final, cómo concluye la historia). Por ejemplo, en El Hobbit, el planteamiento estaría conformado por cómo Bilbo Bolsón conoce a Gandalf y los enanos y emprende con ellos una aventura que él no deseaba vivir; compondrían el nudo todas las diferentes peripecias que va viviendo Bilbo en su viaje (los trolls, las arañas, la huida del reino de los elfos, el encuentro con Smaug...); y, en el desenlace, vemos cómo Bilbo regresa a casa sano y salvo, transformado en un hobbit nuevo, más valiente y sabio.

* El narrador: la persona que nos cuenta los hechos del relato. El narrador puede relatarnos la historia en primera o en tercera persona. El narrador en primera persona puede ser el mismo protagonista de la historia, o bien cualquier otro personaje (el antagonista, un secundario); el narrador en tercera persona, por su parte, puede ser omnisciente (lo sabe todo: lo que está ocurriendo en el presente, lo que pasará en el futuro, los secretos de cada personaje, lo que sienten y piensan...) u objetivo (el narrador sólo sabe lo que está pasando en el presente; no tiene ni idea de lo que vendrá después, ni de lo que piensan o sienten los diferentes personajes).

Un ejemplo de narrador objetivo sería el siguiente:



Manolo Lama, el periodista, no sabía, al principio de la jugada, lo que iba a ocurrir al final de ella; también desconocía las emociones y pensamientos de los "personajes" de la historia (los futbolistas). Lo único que sabe es lo que está sucediendo en el presente, y así se atiene a la hora de narrar los hechos. Por eso es objetivo.

Por el contrario, uno omnisciente sería así:

 
El narrador, en esta ocasión, sí sabe lo que va a ocurrir en cada momento. De hecho, realiza varios saltos temporales para irse a los puntos más interesantes de la historia, algo que Manolo Lama no podía hacer. Asimismo, conoce cómo son de verdad los personajes (describe el carácter del príncipe; sabe la identidad real de la anciana) y lo que piensan o sienten (por ejemplo, el arrepentimiento del príncipe cuando la hechicera se revela ante él). Por todo ello, sabemos que es omnisciente.

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Vistos los dos ejemplos anteriores, queda claro que todas las narraciones no son iguales, ¿cierto? Aunque compartan los mismos elementos, 
en la primera historia, los acontecimientos eran completamente reales, siendo tratada la información por periodistas profesionales. Por su parte, la historia de la segunda era inventada, es decir, que jamás podría pasar en nuestro mundo, habiendo sido creada, por tanto, en la imaginación de un escritor.

Cuando se basa en hechos ficticios o imaginarios y persigue entretener a un público, hablamos de una narración literaria. Si, por el contrario, los sucesos que se cuentan, con el objetivo es informar, son reales e importantes para la sociedad, decimos que la narración es periodística.

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