Lo poco que quedaba del Imperio español conocía su final de la forma más cruel posible. Ni una sola nación occidental acudió en la ayuda de una España que se hundió definitivamente en la decadencia:
Aunque, a nivel político, no hubiese reacción real a la lamentable situación del país (como habéis escuchado en este vídeo), sí la hubo en los ámbitos culturales e intelectuales. Filósofos, científicos, escritores, periodistas... Todos ellos elevaron su voz y criticaron, desde sus respectivos campos, cómo se hallaba el país, expresando, a su vez, su deseo de regenerarlo, de reconstruirlo a partir de las cenizas del 'Desastre del 98'.
Esta ola de rabia, descontento, indignación y protesta tuvo rápidamente su eco en la literatura. Novelistas, ensayistas, poetas y dramaturgos que habían abrazado el Modernismo abandonaban esta corriente para apostar por un estilo diferente, que les permitiera abordar los gravísimos problemas de España y, al mismo tiempo, reflexionar sobre el sentido que tenía la vida humana en un mundo cruel, absurdo, deshumanizado y corrupto. Muchos fueron los autores que se adscribieron a esta nueva forma de percibir la literatura, destacando, de entre todos ellos, seis: Ramiro de Maeztu, José Martínez 'Azorín', Pío Baroja, Miguel de Unamuno, Antonio Machado y Ramón María del Valle-Inclán. Todos ellos constituyeron uno de los grupos literarios más importantes de nuestra historia: la Generación del 98.
Como ya se ha indicado, España era la principal preocupación de los escritores de esta Generación. Desde su punto de vista, para recuperar la grandeza de nuestro país y regenerarlo, era preciso encontrar, primero, su esencia, aquello que lo destacaba de otras naciones occidentales y lo llevó en su día a ser una gran potencial mundial. Para conseguir ese objetivo, la Generación del 98 buscará lo que es España en distintos lugares:
* La historia, tanto medieval como la del Imperio, con el doble objetivo de localizar el espíritu de España y descubrir los males que la han llevado a la situación de decadencia actual.
* La literatura del Siglo de Oro, la etapa más gloriosa de nuestras letras, y las obras de otros grandes autores, como Jorge Manrique, los ilustrados o Mariano José de Larra. Todos ellos mostraban ya en sus escritos una búsqueda del alma española y un deseo de que cambiasen la sociedad y el mundo en el que vivían.
* Los paisajes de Castilla. Al ser la cuna histórica de España, este territorio servirá de símbolo a esta Generación para plasmar los males y las bondades del país. A fin de cuentas, de Castilla surgió la chispa de la Reconquista y el descubrimiento y posterior colonización de América; así como las bases del gran Imperio de Carlos I y Felipe II. Una grandeza que chocaba de lleno con la realidad que vivía la Castilla de principios del siglo XX: rural, empobrecida, analfabeta, austera, seca... Aunque con una belleza y una fortaleza indiscutibles. El destino de España y el de Castilla iban de la mano.
Por otra parte, los escritores de la Generación del 98 se interesarán por el alma humana. El sinsentido del 'Desastre del 98' y las sensaciones posteriores de humillación y derrota llevaron a intelectuales, artistas y filósofos a plantearse lo absurda que era la existencia del hombre, condenado (ya fuera por voluntad propia o intervención ajena) por la avaricia, la corrupción, el egoísmo y todos los pecados y defectos del mundo moderno. Valores como la justicia, la verdad o el honor se habían diluido como azúcar en el agua y hasta el mismo destino parecía conducirnos a todos a la más absoluta fatalidad. Esta visión tan pesimista de la vida es otro de los grandes temas de una Generación del 98 que no dudó en apostar por personajes repletos de dudas y temores, historias de final trágico...
Evidentemente, estas características se observaron, sobre todo, en la narrativa de la Generación del 98, pudiendo destacar en ella a tres grandes autores:
Nacido en San Sebastián, se formó para ser médico, pero pronto abandonó la medicina por la literatura. En sus novelas destaca, por un lado, su visión pesimista del mundo, en el que el hombre nada puede hacer para luchar contra la tragedia y el destino; y la importancia de los diálogos y la acción, apenas interrumpida por unas descripciones muy sucintas. Baroja se centra, sobre todo, en el dolor humano, experimentado por esas clases bajas que solo pueden soñar con sobrevivir. Su producción (donde destaca El árbol de la ciencia) se suele agrupar en distintas trilogías, como Tierra vasca (La casa de Aizgorri, El mayorazgo de Labraz y Zalacaín el aventurero); La lucha por la vida (La busca, Mala hierba y Aurora roja); La raza (El árbol de la ciencia, La dama errante y La ciudad en la niebla); o El mar (Las inquietudes de Shanti Andía, El laberinto de las sirenas y La estrella del capitán Chimista).
El alicantino 'Azorín' (pseudónimo de José Martínez), a diferencia de Baroja, se olvida por completo de la acción. En sus novelas, de hecho, no hay argumento: son escenas yuxtapuestas sin una historia de fondo que las una. Por el contrario, para 'Azorín' lo realmente importante eran las descripciones de los paisajes (Castilla, esencialmente), los pueblos y sus gentes. Estas, eso sí, no serían tan largas y profusas como las del Realismo, sino mucho más sobrias, elaboradas con pequeños detalles (a modo impresionista, como hacían los pintores de esta corriente en Francia). Incluso se toma la libertad de incorporar a sus novelas algunos elementos líricos, abandonando el narrador omnisciente para apostar por uno interno que le permitiera mostrar sus reflexiones sobre la desesperación, la fugacidad de la vida, el paso del tiempo, la fatalidad, el hastío... La voluntad (1902) es su novela más célebre.
Como ya se ha indicado, España era la principal preocupación de los escritores de esta Generación. Desde su punto de vista, para recuperar la grandeza de nuestro país y regenerarlo, era preciso encontrar, primero, su esencia, aquello que lo destacaba de otras naciones occidentales y lo llevó en su día a ser una gran potencial mundial. Para conseguir ese objetivo, la Generación del 98 buscará lo que es España en distintos lugares:
* La historia, tanto medieval como la del Imperio, con el doble objetivo de localizar el espíritu de España y descubrir los males que la han llevado a la situación de decadencia actual.
* La literatura del Siglo de Oro, la etapa más gloriosa de nuestras letras, y las obras de otros grandes autores, como Jorge Manrique, los ilustrados o Mariano José de Larra. Todos ellos mostraban ya en sus escritos una búsqueda del alma española y un deseo de que cambiasen la sociedad y el mundo en el que vivían.
* Los paisajes de Castilla. Al ser la cuna histórica de España, este territorio servirá de símbolo a esta Generación para plasmar los males y las bondades del país. A fin de cuentas, de Castilla surgió la chispa de la Reconquista y el descubrimiento y posterior colonización de América; así como las bases del gran Imperio de Carlos I y Felipe II. Una grandeza que chocaba de lleno con la realidad que vivía la Castilla de principios del siglo XX: rural, empobrecida, analfabeta, austera, seca... Aunque con una belleza y una fortaleza indiscutibles. El destino de España y el de Castilla iban de la mano.
Por otra parte, los escritores de la Generación del 98 se interesarán por el alma humana. El sinsentido del 'Desastre del 98' y las sensaciones posteriores de humillación y derrota llevaron a intelectuales, artistas y filósofos a plantearse lo absurda que era la existencia del hombre, condenado (ya fuera por voluntad propia o intervención ajena) por la avaricia, la corrupción, el egoísmo y todos los pecados y defectos del mundo moderno. Valores como la justicia, la verdad o el honor se habían diluido como azúcar en el agua y hasta el mismo destino parecía conducirnos a todos a la más absoluta fatalidad. Esta visión tan pesimista de la vida es otro de los grandes temas de una Generación del 98 que no dudó en apostar por personajes repletos de dudas y temores, historias de final trágico...
Evidentemente, estas características se observaron, sobre todo, en la narrativa de la Generación del 98, pudiendo destacar en ella a tres grandes autores:
PÍO BAROJA
JOSÉ MARTÍNEZ 'AZORÍN'
MIGUEL DE UNAMUNO
Posiblemente este sea el nombre más prominente de toda esta Generación. Nació en Bilbao, pero pasó casi toda su vida en Salamanca, donde fue catedrático de Griego e incluso rector de su prestigiosa universidad. Filósofo fundamental de nuestro país, en sus novelas mostrará sus dudas existenciales y sus principales ideas: la preocupación por el ser humano, el sentido de la vida, la necesidad de hallar a Dios, la lucha entre la razón y la fe... Por supuesto, España también fue uno de sus focos de atención, estudiando a fondo nuestra literatura y nuestra historia para encontrar, en ellas, su esencia, su alma. Renegó de la prosa realista y naturalista hasta el punto de que no llamaba a sus obras 'novelas', sino 'nivolas', en un afán de desmarcarse completamente de los movimientos anteriores. Y, desde luego, muchas eran las diferencias: apuesta por el diálogo y el monólogo para desarrollar los acontecimientos, empleo del paisaje como símbolo (herencia modernista), sus finales no eran cerrados... Tres 'nivolas' sobresalen de su trayectoria, a saber, Niebla (donde aborda, desde una perspectiva trágica y pesimista, el sentido de la existencia), San Manuel Bueno, mártir (aquí expresa sus profundas dudas religiosas -razón vs. fe-) y La tía Tula.





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